TEGUCIGALPA, HONDURAS. La crisis hídrica que azota a la capital ha entrado en su fase más crítica. Con los embalses tocando fondos históricos, las autoridades han activado un plan de contingencia de gran escala para evitar el colapso del suministro, combinando la distribución masiva en camiones cisterna con la rehabilitación urgente de la infraestructura subterránea.
Despliegue de emergencia: 100 mil galones diarios
Actualmente, el plan de contingencia opera a máxima capacidad:
- Se realizan más de 50 viajes diarios de camiones cisterna.
- Se distribuyen cerca de 100 mil galones de agua al día en los sectores más vulnerables de la ciudad.
- La meta inmediata: Expandir la flota hasta alcanzar 90 unidades en movimiento para ampliar drásticamente la cobertura en las zonas críticas.
Tolerancia cero: El agua de emergencia es GRATUITA
El titular de la Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS) lanzó una advertencia contundente a la población para evitar abusos durante la crisis:
“El agua distribuida en cisternas es completamente gratuita. Si alguien intenta cobrar por este servicio, debe ser denunciado de inmediato”.
Las autoridades instaron a la ciudadanía a mantenerse vigilante, documentar y reportar en el acto cualquier irregularidad o intento de cobro ilegal por parte de los operarios.
La estrategia para recuperar el suministro: Pozos y compras privadas
Para hacer frente al vacío de las represas, la institución no solo depende de los camiones, sino que ha iniciado una carrera contrarreloj para extraer agua del subsuelo y del sector privado:
- Rescate de infraestructura: Se trabaja a marcha forzada en la rehabilitación de 41 pozos que se encontraban en total abandono.
- Nuevas fuentes: Se prevé iniciar a corto plazo la perforación de al menos 4 nuevos pozos, utilizando tanto equipos propios como contratistas especializados.
- Inyección privada: Como medida de refuerzo inmediato, se contempla la compra de agua a proveedores privados para reabastecer los sectores que hoy se encuentran completamente secos.
La capital enfrenta una de sus peores pruebas ambientales; las autoridades aseguran que los recursos están en movimiento, pero el llamado al ahorro extremo y a la denuncia ciudadana sigue siendo la primera línea de defensa.










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