TEGUCIGALPA, HONDURAS. El debate político se calienta en los micrófonos, pero el país se apaga en la realidad. Mientras el Congreso Nacional mantiene en un letargo prolongado la aprobación de las reformas al subsector eléctrico, una feroz ola de apagones diarios está destrozando la economía nacional, ensañándose con especial crueldad en las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) y encendiendo las alarmas de un colapso sistémico.
La parálisis legislativa y la falta de fluidez en la red de distribución mantienen a Honduras en un limbo oscuro donde las pérdidas económicas ya se cuentan por millones.
Un apagón de costa a costa y la sospecha política
Desde las zonas industriales del Valle de Sula hasta los municipios de Occidente como Ocotepeque y Copán —donde se reportan hasta 14 cortes de energía al día—, la queja es la misma: la economía se detiene en las horas de mayor productividad. El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) estima que la energía no suministrada alcanza un promedio alarmante de 21,200 horas al año, una cifra que ya provocó el cierre de unas 3,000 pequeñas empresas y la pérdida de 30,000 empleos.
En medio de la oscuridad, la tormenta política ha estallado. Sectores de la oposición han comenzado a cuestionar abiertamente si la actual crisis de racionamientos es una consecuencia técnica o una estrategia de presión mediática. Diputados en el Congreso Nacional sugieren que el recrudecimiento de las fallas busca forzar a las bancadas a aprobar, a matacaballo, el paquete de reformas energéticas enviado por el Ejecutivo.
El saldo del colapso: Honduras pierde más de 16,000 millones de lempiras al año debido a las ineficiencias y pérdidas técnicas y no técnicas (hurto) del sistema eléctrico nacional.
¿Salvación o parche? Las dos caras de la reforma
Por un lado, el Gobierno y las autoridades de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) defienden a capa y espada el proyecto, asegurando que la reorganización de la estatal es la única llave para:
- Sanear las finanzas públicas y frenar una deuda que ya roza el 11% del PIB nacional.
- Destrabar el financiamiento internacional y fondos frescos para modernizar la obsoleta red de transmisión.
- Implementar auditorías rigurosas contra las conexiones ilegales.
Por el otro lado, tanques de pensamiento y expertos independientes advierten que una reforma puramente cosmética no romperá el ciclo. Señalan que mientras no se blinde a la estatal de la interferencia política, los cambios de personal por compadrazgo y la falta de transparencia en los contratos de generación, los hondureños seguirán pagando tarifas elevadas por un servicio que se corta a diario.
El tiempo corre y la paciencia social se agota. Mientras el Congreso estira el debate de las reformas entre discursos y acusaciones mutuas, los emprendedores locales ven cómo sus productos se dañan en las neveras apagadas, recordándole a la clase política que la economía real no se reactiva con promesas, sino con energía constante.
Para profundizar en los debates y el análisis estructural detrás de esta crisis, resulta esclarecedor escuchar la explicación de un experto de la Asociación por una Sociedad más Justa (ASJ) sobre cómo la crisis de la ENEE está amarrada a la influencia política, detallando los factores de gestión que agravan la situación más allá de las reformas planteadas.










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