EEUU. El mercado energético global experimentó este viernes un sismo financiero tras el anuncio de Irán sobre la reapertura del Estrecho de Ormuz, el paso marítimo más crítico para el suministro de crudo en el mundo. El petróleo intermedio de Texas (WTI) sufrió una caída estrepitosa del 11,45 %, situándose en 83,85 dólares el barril, una cifra que contrasta drásticamente con los más de 90 dólares en los que cotizaba apenas 24 horas antes.
La noticia, confirmada por el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, marca un respiro en la asfixia económica global. Teherán aseguró que el estrecho se mantendrá «totalmente abierto» mientras dure el alto el fuego con Estados Unidos. No obstante, la medida viene acompañada de condiciones estrictas: los buques deben coordinar su paso con las fuerzas iraníes y tienen prohibido cualquier vínculo con Estados Unidos o Israel, bajo la amenaza de que el tránsito volverá a cerrarse si Washington persiste en su bloqueo marítimo.
El desplome en los precios refleja el optimismo de los inversores ante las gestiones diplomáticas del presidente Donald Trump, quien tras pactar la tregua en el Líbano, adelantó que espera cerrar un acuerdo definitivo con Irán en un plazo de “uno o dos días”. En solo una semana, el WTI ha perdido más del 13 % de su valor, borrando la prima de riesgo acumulada desde el inicio de las hostilidades a principios de marzo, cuando el barril llegó a dispararse ante el temor de una guerra regional a gran escala.
A pesar de la caída en los costos, la estabilidad pende de un hilo. Analistas de ING estiman que el bloqueo de esta ruta interrumpió el flujo de 13 millones de barriles diarios, una parálisis que el Comando Central de EE. UU. (Centcom) reforzó esta semana al interceptar 19 buques. Mientras el mundo espera la firma del acuerdo, la volatilidad del petróleo sigue siendo el termómetro de una geopolítica que oscila entre la paz inminente y el cierre definitivo del grifo energético mundial.













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