Ciudad del Vaticano. La cristiandad vive hoy su jornada más austera con la conmemoración del martirio de Jesús de Nazaret, uno de los ritos más solemnes del calendario litúrgico. En una Basílica de San Pedro despojada de adornos, se lleva a cabo la única liturgia del año en la que, en señal de duelo absoluto, no se realiza la consagración de la Eucaristía. Este vacío simbólico marca el luto de la Iglesia, que aunque prescinde del sacrificio del altar, mantiene la impartición de la comunión a los fieles presentes.
El acto comenzará con el impactante gesto de la postración de León XIV ante el altar, un rito de humildad que precede a la solemne lectura de la Pasión de Cristo según San Juan. Entre los cánticos de los diáconos y un silencio sepulcral, el nuevo predicador de la Casa Pontificia, el fraile capuchino Roberto Pasolini, será el encargado de pronunciar la homilía. Sus palabras, cargadas de simbolismo en este nuevo ciclo eclesial, serán escuchadas en estricto recogimiento por el Papa, los miembros de la Curia Romana y el Cuerpo Diplomático acreditado.
La jornada culminará bajo la luz de las antorchas en el emblemático Coliseo Romano, escenario del primer Vía Crucis del pontificado de León XIV. La procesión, que recrea las estaciones del calvario, iniciará a las 21:15 hora local (19:15 GMT), congregando a miles de peregrinos en torno a la figura del Pontífice. Este evento no solo cierra los ritos del Viernes Santo, sino que se posiciona como el momento de mayor carga emocional y visual de la Semana Santa en Roma.













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